Obispo de Copiapó Don Fernando fue un Pastor bueno y fiel Mons. Ricardo Morales presidió misa en el 18 aniversario de la Pascua de don Fernando Ariztía

A 18 años de su fallecimiento, la Iglesia de Atacama recordó la Pascua de su querido Pastor emérito, don Fernando Ariztía. La misa, organizada por la Pastoral Juvenil, fue presidida por el Obispo, Monseñor Ricardo Morales, a quien acompañaron los sacerdotes Jaime Pizarro, Mauricio Andrade, Gerardo Díaz y Guido Castagna.

Don Ricardo centró su reflexión en el evangelio reflejado en la labor pastoral de don Fernando. “Él fue un pastor bueno, un pastor fiel”. Dijo que a veces el ministerio sacerdotal se mira como una carrera, pero llamó a no olvidar que “lo principal del buen pastor es dar la vida por sus ovejas”. Destacó la valentía de don Fernando. “No tuvo miedo de escribirle al mismo Pinochet para preguntarle por los muertos del Mapocho- recordó-, fue valiente, no buscaba cargos ni figuraciones”.

“Hoy no vivimos tiempos fáciles, pero tenemos que dar respuesta valiente es este momento de la historia, no desde la ideología política, sino desde el evangelio, desde las opciones de Jesús, con la parresía y la libertad de defenderlas”, mencionó, y agregó: No tuve el placer de conocer a don Fernando, pero el evangelio dice ‘por sus frutos los conoceréis’, y conozco el testimonio de personas que dan cuenta de su humor, de su humildad, su valentía, su cercanía, sin afectaciones, con la sencillez de la tacita de te en casas de familias; esos pastores verdaderamente entregados a su pueblo. Urgidos por el Espíritu, seamos testimonios de humanidad y sencillez”.

Los jóvenes llevaron al altar el signo de la luz, una canasta con alimentos no perecibles, el logo del Sínodo sobre sinodalidad, y logos de las redes sociales que más habitualmente usa la juventud, junto al pan y al vino. Luego, velitas repartidas en la asamblea se encendieron como signo de esperanza en la Luz que es Cristo.

Don Fernando Ariztía falleció en Copiapó la noche del martes 25 de noviembre de 2003 en la casa episcopal, rodeado del cariño de muchas personas que lo cuidaron en sus últimos días, sacerdotes, religiosas, laicos, y de la comunidad que lo acompañaba con sus oraciones.

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