Por Prof. Guillermo Cortés Lutz
Doctor en Historia
Desde el descubrimiento de Chañarcillo en 1832 y el posterior auge de la minería argentífera, Copiapó se transformó en uno de los principales polos económicos del país. Este dinamismo atrajo capitales, tecnología y especialistas extranjeros, entre ellos un número significativo de ingenieros, técnicos y comerciantes británicos. La influencia inglesa no se limitó al ámbito productivo: permeó también las prácticas comerciales, la cultura empresarial y los circuitos financieros.
Un hito fundamental fue la construcción del ferrocarril entre Copiapó y Caldera, inaugurado en 1851 bajo la dirección del empresario estadounidense William Wheelwright, pero ejecutado con fuerte participación de capital y tecnología Estadounidense y británica. Este proyecto —el primero de su tipo en Chile y uno de los pioneros en Sudamérica— consolidó la inserción de Atacama en las redes del comercio internacional y reforzó la presencia anglosajona en la zona.
Al fundarse el Liceo de Hombres de Copiapó —actual Liceo José Antonio Carvajal—, el plan oficial de estudios era establecido por el Ministerio de Instrucción Pública no contemplaba la enseñanza del idioma inglés ni la asignatura de gimnasia. Esta omisión respondía al modelo educativo centralizado vigente en Chile durante la segunda mitad del siglo XIX, cuyo currículo priorizaba la formación humanista clásica. No obstante, el rector José Antonio Carvajal, atento a las transformaciones económicas y culturales que experimentaba la región de Atacama, y como dijimos en el contexto del ciclo minero y de la creciente vinculación con mercados internacionales, comprendió tempranamente la importancia estratégica del idioma inglés. Hacia mediados del siglo XIX, dicha lengua se había consolidado como instrumento fundamental del comercio, la ciencia y las relaciones internacionales, especialmente en territorios con fuerte presencia británica y estadounidense como Copiapó. En este marco, Carvajal gestionó, con recursos propios, la incorporación del profesor Silvestre Hesse para impartir clases particulares de inglés a los alumnos interesados. Aunque inicialmente la medida no contó con el beneplácito ministerial —por no ajustarse al plan oficial—, el reconocimiento de la pertinencia de la enseñanza del idioma inglés condujo a la dictación del Decreto Nº 291, de 28 de febrero de 1866.Mediante este decreto se estableció que, aun cuando la asignatura no percibiera remuneración fiscal, sería considerada oficialmente como perteneciente al establecimiento en lo relativo a la validez de sus exámenes. Este acto administrativo constituye un hito en la historia educacional regional, pues marca el inicio formal de la enseñanza del inglés en Copiapó y evidencia la capacidad de las autoridades locales para anticiparse a las necesidades formativas que imponía la modernización económica del territorio.







