Carta al presidente J.A. Kast: estallidos sociales o prosperidad, plebiscito 2026    

Eduardo Schindler desde Zürich – Abril 2026

El ganar las elecciones con el mayor número de votos recibidos por una persona en Chile es un logro para los libros de historia. Un presagio de tiempos mejores, y una poderosa señal hacia el empresariado nacional e internacional: el Estado está en manos competentes y honestas, se acaban las repetidas malversaciones de fondos públicos, se pone fin a permisología ideológica y se vuelve a hacer espacio para que sea el ingenio de la gente el motor principal de crear riqueza. Anticipando su triunfo, la subida del 57% de la bolsa en el 2025 ya entregó el mayor aumento de capital de los últimos 30 años – beneficiando también a los 12 millones de afiliados en las AFPs. Y en las pocas semanas de iniciado su gobierno, se han anunciado ya proyectos de inversión en dimensiones no vistas en décadas.

Con todo, el panorama no está exento de riesgos. ¿Lo más peligroso? Que se repita lo ocurrido al presidente Piñera: le hacen estallar una bomba social preparada e instalada con premeditación, cuyo objetivo era forzar el proceso constitucional propiciado sin éxito por el gobierno precedente. Y lo lograron. Y lo harán de nuevo – para desestabilizar su gobierno, disfrazar los tantos fracasos del anterior y digerir la amargura de una derrota histórica en las urnas. Por ello, una seguidilla de mini-estallidos que le han preparado es el mayor riesgo que existe para volver a prosperar de manera sostenida en los años que vienen.

La buena noticia es que estos estallidos pueden evitarse. Pero a diferencia del 2019, en vez de hacer un plebiscito para apaciguar uno ya en marcha, esta vez se hace para prevenirlos. Y la pregunta a plebiscitar en el 2026 es:

  • ¿Quiere usted tener el derecho político a referendar 3 veces por año a partir del 2028?

El SI gana con al menos el 70%. Y así: (i) la gente se auto-otorga un derecho inalienable que le ha sido negado por la elite política desde la época colonial – izquierda y derecha, por conveniencia propia y por desconfianza, desdén o temor a la gente; (ii) se vota SI o NO a la entrada en vigor de temas que llegan por vía del referendo obligatorio, facultativo o iniciativas populares, y (iii) su gobierno legisla sobre el qué, cómo y cuándo se vota, de manera que las primeras sesiones de referendos con temas de nivel municipal empiecen en el 2028, agregando los de nivel regional en el 2032, y los de nivel nacional en el 2036.

El proceder de esta manera tiene grandes ventajas. Primero, ya el anunciar el plebiscito le moja la mecha a todas las mini-bombas que le han instalado. Segundo, el derecho a lanzar y referendar una iniciativa es el mejor “tubo de escape” para limpiar el sistema de “revoltosos” en forma cívica y duradera. En vez de causar costosos desmanes, esta gente debe formular argumentos concretos sobre un tema bien delimitado, esforzarse en juntar firmas, y someter su tema de pelea al juicio de la ciudadanía. La confrontación ya no es con el gobierno de turno, sino que con la voluntad de toda la comunidad. Un NO del gobierno de turno es un incentivo a mayores disturbios. En cambio, el voto NO de la gente a una iniciativa popular es un tapabocas definitivo – por lo que instrumentalizar estallidos con el propósito de obstaculizar, desestabilizar y distraer al gobierno desaparecen como por magia. Más encima, quienes protestan sin lanzar una iniciativa pierden credibilidad y apoyo. Piense cuántos episodios de disturbios, violencia y represión serán evitados. En su gobierno, y en todos los que siguen. La lista de ventajas continua, y no se limita al votar iniciativas – ver: www.swiss-democracy.ch.

Pero hay más, mucho más.

Para empezar, el que 16 millones de compatriotas reciban el derecho a referendar es nada menos que el equivalente, en el plano de mayor libertad y emancipación cívica, a los profundos cambios liberatorios hechos en el plano económico bien antes del 1990. A saber: el crear prosperidad deja de estar en las manos monopólicas de la elite de políticos profesionales, y pasa a las manos de la gente. El resultado entonces fue que Chile se convirtió en el país más rico y próspero de América Latina – con el 40% de la población que pudo finalmente escapar de la pobreza (material y emocional) padecida por generaciones, por sus propios medios y en forma sostenible. El resultado ahora será el liberar las fuerzas cívicas latentes del 100% de las personas, y convertirnos en la nación con la ciudadanía más libre, soberana y cívicamente rica/emancipada de toda la región.

Además, con el derecho a referendar, Chile le pone fin al sistema más bien infantil y estéril de “delegar, culpar y alegar” contra las autoridades típico de las democracias representativas, y se pasa a uno más efectivo basado en “decidir, asumir y corregir” por parte de una ciudadanía feliz de ocupar su rol de soberano de la nación. Asimismo, la gente descubrirá el poderoso efecto igualitario de referendar. Frente a Dios y a la ley somos todos iguales. Y cuando referendamos también: 1 persona = 1 voto, sin distinción de ningún tipo. Cada uno es tan “soberano” como el otro. Ninguna persona, clase social o elite está por encima de nadie. Y dado que se vota varias veces por año, se crea una y otra vez una sensación muy fuerte de ser “todos iguales” en la capacidad y responsabilidad (individual y colectiva) de ir forjando de manera más directa el futuro de Chile. El votar es un acto que pasa a generar una gran cohesión social – en vez de dividir como hasta ahora.

Más encima, gracias al votar SI o NO regularmente, toda la gente accede a niveles mucho mayores de auto-determinación y de cultura/madurez cívica que con el sistema actual. El resultado es una sociedad inmune a la demagogia, alérgica a la indoctrinación ideológica, e indiferente a promesas oportunistas. Los populistas y la prensa sensacionalista que los celebra se acaban como por encanto. Para terminar, millones de personas pueden escapar finalmente a una existencia confinada a la ignorancia cívica, y a ciclos repetidos de exigencias infantiles y falsas expectativas hacia el Estado – y perciben así una sensación nueva y gratificante de auto-estima y dignidad desconocida hasta ahora.

Sr. Kast: no existe ninguna medida de política económica capaz de generar una prosperidad mayor a aquella que creará la gente cuando se libere de la miseria cívica en que está sumida desde siempre. No caiga en la trampa del Sr. Piñera, ni tampoco espere que le exploten mini-bombas para reaccionar. Haga este plebiscito en el 2026, y entre en la historia como el presidente: que supo modernizar y democratizar la democracia para mejor y para siempre; que puso fin al monopolio de políticos profesionales que están llevando al país de vuelta a la miseria económica y cívica de otrora; y que logró meter a Chile en la senda hacia niveles de libertad, seguridad, cohesión social y riqueza inalcanzados e inalcanzables para el arcaico y fracasado sistema político actual.

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