Pedro rodríguez Rojas, Dr sociología, IACC Chile
La conformación del campesinado como clase social en Chile ha sido un proceso complejo y multifacético que ha evolucionado a lo largo de la historia del país (Gligo, 2021). El campesinado chileno ha estado históricamente vinculado a la agricultura y la producción de alimentos. Durante la época colonial y gran parte del siglo XIX, la mayoría de la población en Chile estaba dedicada a la agricultura, pero no todos eran campesinos en un sentido sociológico. La propiedad de la tierra, el acceso a recursos y la relación con las élites influyeron en la conformación de esta clase social.
Uno de los factores más significativos en la conformación del campesinado como clase social en Chile ha sido la distribución de la tierra. Durante la época colonial, la tierra estaba en manos de la Corona española y las élites locales, mientras que los campesinos indígenas y mestizos tenían acceso limitado a la tierra. La concentración de la propiedad de la tierra ha persistido durante gran parte de la historia chilena, lo que contribuyó a la formación de una clase campesina con acceso muy limitado a recursos productivos.
A lo largo del siglo XIX y XX, Chile experimentó una serie de cambios económicos que afectaron la conformación del campesinado. La expansión de la minería y la industrialización llevaron a una creciente urbanización y a la migración rural-urbana. Al mismo tiempo, se implementaron reformas agrarias en el siglo XX que buscaban redistribuir la tierra y mejorar las condiciones de los campesinos.
La conformación del campesinado como clase social también está relacionada con la identidad y la cultura (Núñez, 2004). Los campesinos han desarrollado una identidad ligada a la vida rural, la agricultura y las tradiciones locales. Su cultura, música, danzas y festivales a menudo reflejan esta identidad única. El papel del Estado y los movimientos sociales ha sido fundamental en la conformación del campesinado en Chile.
Durante el gobierno de Salvador Allende en la década de 1970, se llevaron a cabo importantes reformas agrarias que buscaban mejorar las condiciones de los campesinos y promover la propiedad colectiva de la tierra. Hoy en día, el campesinado chileno enfrenta desafíos relacionados con el acceso a la tierra, la modernización agrícola, la competencia con la agricultura comercial y la migración hacia las ciudades (Villalobos, 2012).
La relación histórica entre indígenas y la conformación del campesinado en Chile es un tema complejo que se puede analizar desde una perspectiva sociohistórica. Durante la época colonial, los pueblos indígenas en lo que hoy es Chile experimentaron un proceso de colonización que implicó la desposesión de sus tierras y recursos por parte de los colonizadores españoles. La tierra que alguna vez fue de propiedad común de las comunidades indígenas fue transferida a las élites coloniales y al sistema de encomiendas. Este proceso de desposesión forzada llevó a muchos indígenas a convertirse en trabajadores rurales o a depender de las tierras de las élites (Eudave, 2016).
A medida que Chile avanzaba hacia la independencia y la formación de un Estado-nación en el siglo XIX, se produjeron transformaciones económicas significativas. La expansión de la ganadería, la agricultura comercial y la minería afectó la vida de los indígenas y contribuyó a la conformación del campesinado. Algunos indígenas se convirtieron en campesinos arrendatarios o trabajadores agrícolas en las tierras de las élites, lo que marcó el inicio de su transición hacia una clase campesina.
A lo largo de la historia chilena, los indígenas enfrentaron discriminación y marginalización social y económica (Romero, Videla & Gutiérrez, 2017). Esto también influyó en su transición a campesinos. A menudo, los indígenas eran considerados como una población aparte y enfrentaban barreras para acceder a tierras, educación y oportunidades económicas. Esta marginación contribuyó a la conformación de una clase campesina con una identidad y experiencias compartidas de desventaja.
A pesar de la transformación de algunos indígenas en campesinos, muchos mantuvieron su identidad cultural y continuaron practicando sus tradiciones. La cultura indígena ha influido en la identidad campesina en Chile, y se han preservado elementos culturales como la música, la danza, la comida y las prácticas espirituales (Faundes, 2020).
En el siglo XX, se produjo un resurgimiento de la conciencia indígena y se intensificaron los movimientos sociales indígenas en Chile. Los indígenas comenzaron a luchar por el reconocimiento de sus derechos, incluido el acceso a la tierra y la participación política. Estos movimientos han tenido un impacto significativo en la relación entre los indígenas y el campesinado, ya que han promovido la solidaridad y la colaboración entre ambas comunidades en la lucha por la justicia social y los derechos humanos. Hoy en día, tanto los indígenas como los campesinos enfrentan desafíos relacionados con el acceso a la tierra, la pobreza, la educación y la discriminación. La relación entre ambas comunidades continúa evolucionando en un contexto de reivindicaciones de tierras, autonomía indígena y políticas de desarrollo rural.








