Más de 100 mil niños han sido acompañados por Good Neighbors en Chile: el desafío ahora es fortalecer los vínculos para enfrentar la crisis de convivencia 

A 15 años de su llegada al país, la organización internacional ha trabajado junto a cerca de 150 mil niños y adolescentes en distintos territorios. En este contexto, el recién asumido Director Ejecutivo de Good Neighbors Chile, Pablo Cea Luarte, advierte que el principal desafío para el país ya no es sólo garantizar derechos básicos, sino fortalecer las habilidades socioemocionales y reconstruir los vínculos que sostienen la convivencia.

Chile enfrenta una realidad que preocupa cada vez más a especialistas, comunidades educativas y organizaciones sociales: el aumento de los conflictos de convivencia escolar, la soledad y el aislamiento entre niños, niñas y adolescentes. Frente a este escenario, Good Neighbors Chile cumple 15 años de trabajo en el país, período en el que ha acompañado a cerca de 150 mil niños, niñas y adolescentes, evolucionando desde la respuesta a necesidades materiales hacia un modelo centrado en el fortalecimiento de habilidades socioemocionales.

Para Pablo Cea, quien recientemente asumió como Director Ejecutivo de Good Neighbors Chile , lo que hoy ocurre en las escuelas refleja un fenómeno mucho más profundo.

«La convivencia es la infraestructura social de un país; son las fibras invisibles que permiten que las comunidades se relacionen sin romperse. Hoy estamos tensionando esas fibras y muchas ya se han roto, especialmente en la infancia. Las denuncias por convivencia escolar vienen marcando sus niveles más altos en años y la soledad y el aislamiento entre adolescentes han crecido de forma sostenida. Lo que pasa en la sala de clases es el termómetro de algo más grande que nos pasa como sociedad», señala.

A su juicio, cuando se habla de las inversiones que Chile necesita para el futuro, una de las más relevantes debería apuntar precisamente al desarrollo de capacidades humanas.

«Yo diría que la inversión más grande y estratégica debe ser fortalecer las habilidades que nos permiten convivir: reconocer lo que sentimos, vincularnos de manera sana y resolver un conflicto sin romper el lazo. Esas habilidades socioemocionales son justamente las que nos distinguen como seres humanos», afirma Pablo Cea.

De reconstruir comunidades a fortalecer personas

La historia de Good Neighbors Chile comenzó tras el terremoto y tsunami de 2010. La organización inició sus operaciones apoyando la reconstrucción de comunidades afectadas y en 2011 quedó formalmente constituida con autorización del Ministerio de Justicia.

En sus primeros años, el foco estuvo puesto en iniciativas como acceso a salud, agua y saneamiento, la construcción de infraestructura comunitaria —como un centro dental y un centro cultural infantil en Hualañé— y programas de apadrinamiento destinados a cubrir necesidades básicas.

Sin embargo, la experiencia en terreno fue mostrando una realidad distinta.»El principal aprendizaje de estos 15 años es que lo que cambia la vida de una niña o un niño es ser reconocido. Detrás del apadrinamiento, del centro dental o del acceso al agua, lo que realmente estaba en juego era el vínculo y el valor de la persona: lo que ocurre cuando un niño siente que alguien lo mira de verdad, que importa y que tiene las herramientas para reconocerse y valorarse. Ese reconocimiento cambia una trayectoria», explica el Director Ejecutivo.

A partir de esa experiencia, la organización fue ampliando su mirada. «Nuestro trabajo pasó de reparar carencias a fortalecer habilidades socioemocionales y regenerar los vínculos consigo mismo, con la comunidad y con el entorno», agrega.

Más allá de las cifras

Durante estos 15 años, Good Neighbors ha acompañado a más de 100 mil niños, niñas y adolescentes en diferentes regiones del país. Sin embargo, para su nuevo Director Ejecutivo, el verdadero impacto no puede medirse únicamente en números.

«Estamos acostumbrados a medir el impacto por la cantidad de niños que participaron en un programa o por el número de talleres realizados, pero el impacto real está en la transformación de las personas y de sus comunidades. Nosotros pasamos por la vida de un niño, pero son sus familias, profesores y vecinos quienes sostienen ese proceso todos los días», sostiene el profesional.

Por ello, asegura que el objetivo para los próximos años es fortalecer la capacidad de las propias comunidades para cuidar sus vínculos. «La pregunta ya no es solamente a cuántos niños llegamos, sino cuánta capacidad dejamos instalada para que las comunidades sostengan sus propios vínculos. Esa capacidad tiene un nombre concreto: habilidades socioemocionales», agrega Pablo Cea.

Llegar donde otros no llegan

Uno de los sellos de Good Neighbors ha sido trabajar en comunidades que históricamente presentan menor acceso a oportunidades.

«Llegamos por convicción, muchas veces con pocos recursos, porque creemos que hay que estar donde las oportunidades no llegan. Vamos a los lugares que suelen quedar fuera del mapa, no a los más fáciles», explica el profesional.

Según Pablo Cea, la intervención parte siempre desde el reconocimiento del potencial de cada niño, niña y adolescente: «Aunque nuestros programas se expresen en talleres de cine, robótica o educación ambiental, el objetivo profundo es fortalecer habilidades socioemocionales. El cine les permite contar su historia y escuchar la de otros; la robótica demuestra que los mejores resultados se alcanzan colaborando; la educación ambiental desarrolla el cuidado por aquello que compartimos. Lo que buscamos es seguir tejiendo esa fibra de vínculos que une a las comunidades y fortalecer también la fibra interna de cada persona.»

El gran desafío de la era de la inteligencia artificial

Para el nuevo Director Ejecutivo, la irrupción de la inteligencia artificial hace aún más urgente fortalecer aquellas capacidades exclusivamente humanas. «Vivimos una transformación probablemente de las más grandes en la historia de la humanidad. La inteligencia artificial hará muchas cosas mejor que nosotros, pero no podrá reemplazar nuestra capacidad de cuidarnos, de pertenecer, de mirarnos a los ojos”, indica.

En ese contexto, el experto plantea que escuela, familia y sociedad tienen hoy una responsabilidad compartida: «son las tres bases sobre las que se construye un ser humano. Ningún niño crece aislado. El problema es que hoy esas tres bases cargan con más de lo que pueden y muchas veces trabajan desconectadas entre sí. Justamente en esas brechas es donde más se debilita la convivencia”.

Por ello, uno de los grandes desafíos del país durante esta década será volver a fortalecer los vínculos humanos. «El futuro pasa por rescatar lo mejor de la inteligencia de las máquinas junto con las capacidades sociales y emocionales de las personas. Una máquina puede hacer muchas cosas mejor que nosotros, pero no puede enseñarle a un niño a reconocer lo que siente, a ponerse en el lugar del otro o a sentir que pertenece. Eso solo se aprende en el vínculo. En Good Neighbors creemos que esa es una de las tareas más importantes para construir una sociedad más empática y cohesionada”, concluye Pablo Cea.

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