Grabar dentro de una boca, en una faena minera, simular un tsunami o poner a un actor junto a un animal salvaje ya no requiere necesariamente viajar, asumir riesgos ni construir escenarios complejos. Daniel Manríquez, fundador de la consultora FLAMA, explica cómo la inteligencia artificial está ampliando las posibilidades de la producción audiovisual y por qué el valor sigue estando en quién define qué contar y cómo hacerlo.
Santiago, septiembre de 2026. — Imagine el siguiente escenario: usted dirige una clínica dental y necesita mostrar con imágenes los procedimientos que realiza en sus pacientes. ¿El problema? Hay lugares a los que una cámara convencional, simplemente, no puede llegar.
O necesita explicar cómo se comportaría un puerto frente a un tsunami. Incluso, puede querer hacer publicidad y que su producto aparezca junto a un animal salvaje, en una acción imposible de realizar en la vida real.
¿Qué tienen en común todos estos escenarios? Hasta hace poco, muchos eran difíciles o directamente imposibles de ejecutar. No necesariamente por falta de ideas, sino porque llevarlas a la realidad implicaban restricciones técnicas, logísticas o de seguridad. Hoy, la inteligencia artificial está cambiando ese escenario.
“Con la IA y desde un computador, podemos construir escenas que antes no podíamos filmar. Eso permite mostrar de otra manera aquello que nuestros clientes hacen y que muchas veces es difícil de explicar con los recursos audiovisuales tradicionales”, dice Daniel Manríquez, magíster en Marketing por la Universidad de Chile y fundador de la consultora, FLAMA.
Esa idea es la que da nombre a la campaña con la que su empresa muestra este tipo de trabajos: El mundo es tu set, cuya primera pieza, “Nadie subió a esa grúa”, reúne escenas que nunca se filmaron en terreno: Ver acá.
Pero no se trata solamente de hacer posibles escenas que antes eran inviables. La IA también permite encontrar nuevas formas de explicar negocios complejos.
Un ejemplo es el trabajo que FLAMA está desarrollando junto a Ingesis, empresa especializada en cálculo estructural sísmico. Con ellos están desarrollando videos que simulan cómo se comportan frente a un sismo o un tsunami distintos tipos de infraestructura, desde edificios y torres de control hasta puertos, construcciones particularmente sensibles en un país como Chile.
“En este caso, la IA nos permite llevar a una imagen algo que normalmente queda restringido a planos, cálculos o renders 3D que entiende principalmente un ingeniero. Podemos mostrar visualmente el valor del trabajo de Ingesis y hacer comprensible para más personas cómo se comporta una estructura frente a distintos escenarios”, explica Manríquez.
Para FLAMA, sin embargo, ampliar las posibilidades de producción no significa renunciar al criterio sobre lo que se está mostrando. Al contrario: mientras más poderosa es la herramienta, más importante resulta distinguir entre representar algo de manera clara y fabricar algo que pueda inducir a error.
“El criterio es simple: queremos mostrar lo real de la mejor forma posible, no lo falso de la manera más convincente. La IA puede ayudarnos a explicar, visualizar y hacer comprensible realidades fuera de nuestro alcance, pero eso no significa que debamos inventar aquello que no existe”, señala Manríquez.
La diferencia, agrega, está en las decisiones que ocurren antes, durante y después de utilizar la herramienta.
“En FLAMA, nosotros partimos por decidir qué generar, por qué, para quién, y cómo conecta con el negocio del cliente y la IA lo genera. Eso no lo hace un modelo de lenguaje; lo hacen 18 años de trabajo con marcas reales. El producto final es de humanos, hecho para humanos. La IA es la herramienta más poderosa que hemos tenido, pero una herramienta sin criterio no produce nada”.
Así, una clínica dental puede explicar visualmente un procedimiento que sería difícil de registrar, el retail puede hacer publicidad con leones e Ingesis puede hacer visible el comportamiento de una estructura frente a un terremoto o un tsunami. La tecnología abre el escenario; el criterio define qué ocurre dentro de él.
La pregunta ya no es si se puede grabar, sino qué y cómo queremos contar.








