Lo que tus hijos escuchan sobre el dinero hoy dictará sus finanzas mañana: claves para una educación sana en casa

Ese típico “no nos alcanza” o la tensión en el ambiente al pagar las cuentas hace mucho más que cerrar una conversación en la mesa familiar: está sentando las bases de la futura vida financiera de los niños.

La relación que tenemos con la plata no parte con el primer sueldo. Se gesta en la infancia, nutriéndose de lo que vemos, escuchamos y experimentamos en nuestras casas. No es un dato menor: durante los primeros años de vida, el cerebro humano forma más de un millón de conexiones neuronales por segundo. Según el Center on the Developing Child de Harvard, son justamente las vivencias cotidianas las que determinan cuáles de esas conexiones se fortalecen.

Si un niño crece escuchando que «la plata es fuente de problemas», viendo compras por impulso o recibiendo dinero cada vez que patalea sin tener que administrarlo, está internalizando un manual de instrucciones complejo para su adultez.

Paola Schiaffino, ingeniera comercial y especialista en bienestar financiero, lidia a diario con los resultados de esta educación invisible. “Lo que un niño escucha sobre el dinero no es una sentencia, son ideas que se instalan sin que nadie las invite y que, de adultos, repetimos en piloto automático”, advierte. La buena noticia, aclara, es que ese guion se puede reescribir: “Transformar una creencia no pasa por repetirse frases de autoayuda. Requiere llegar a la raíz del patrón y cambiarlo por decisiones más conscientes y una relación menos angustiante con los recursos”.

Un déficit que arrastramos

En Chile, la falta de educación financiera pasa la cuenta. La Encuesta Financiera de Hogares 2024 del Banco Central dejó en evidencia que apenas un 18% de las familias entiende conceptos básicos como interés compuesto o inflación. A esto se suma que, según datos de la CMF y la CAF (2023), ni siquiera la mitad de los consultados (42%) logra cubrir sus gastos con sus ingresos.

Aunque estas cifras reflejan la realidad adulta, subrayan la urgencia de cambiar el enfoque desde la niñez. Para Schiaffino, no se trata de sentar a los niños a hablar de tasas de interés ni de traspasarles la angustia de llegar a fin de mes. “Es enseñarles desde lo cotidiano a entender el valor de las cosas, a tomar decisiones y a disfrutar lo que tienen entendiendo sus límites”, señala.

Un buen punto de partida es cambiar cómo comunicamos esos límites. Reemplazar el tajante «no hay plata» por un «este mes tenemos otras prioridades, así que vamos a planificar esta compra», enseña que los recursos son finitos sin instalar una sensación crónica de carencia. El cambio empieza por los adultos: cuando los padres revisan sus propias trabas con el dinero, el ambiente de aprendizaje de los hijos se oxigena automáticamente.

La mesada como laboratorio

Dar una mesada sirve de poco si no viene acompañada de orientación. La idea es que funcione como un campo de entrenamiento donde los niños aprendan a diferenciar deseos de necesidades y vivan las pequeñas consecuencias de gastarse todo el primer día.

Ayudarlos a fijar metas, juntar para un juguete o una salida,  convierte el ahorro en un puente hacia algo que quieren, en lugar de un castigo o una restricción impuesta. Al mismo tiempo, los expertos sugieren evitar que el dinero sea el premio por defecto o la moneda de cambio para demostrar afecto, lo que suele confundir su valor con la aprobación personal.

No hay que esperar a una edad mágica para hablar de finanzas. Comparar precios en el supermercado, hacerlos participar de decisiones de compra simples o mostrarles que elegir algo siempre implica renunciar a otra cosa, son lecciones invaluables. El objetivo final no es criar expertos en economía doméstica que se estresen por las cuentas, sino adultos autónomos capaces de administrar sus recursos, reconocer sus límites y disfrutar su dinero con tranquilidad.

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