En Freirina la diócesis de Copiapó despidió al padre Aquiles Altamirano

El sacerdote recientemente fallecido fue acompañado por la comunidad, entre profundas muestras de cariño y gratitud

El bello templo Santa Rosa de Lima de Freirina y un hermoso atardecer recibieron a los cientos de personas que se reunieron allí para despedir al p. Aquiles Altamirano Herrera, sacerdote diocesano fallecido este 11 de enero, a la edad de 82 años.

La misa fue presidida por el obispo, Monseñor Ricardo Morales, y estuvieron presentes sacerdotes y diáconos de toda la diócesis, y cientos de fieles que colmaron el templo, con dolor por la partida del p. Aquiles, pero también con gratitud por su ministerio y esperanza en el amor de Dios.

En ese mismo sentido, el obispo dijo en su homilía que la fe no nos quita la tristeza, “estamos aquí para consolarnos juntos y despedir a nuestro hermano, sacerdote, pastor”. Don Ricardo dijo que el padre Aquiles, nacido en Freirina y miembro del Instituto Secular Oblatos Diocesanos, fue “un pastor que camina con su gente, que conoce el nombre de sus ovejas, que se detiene cuando alguien se queda atrás”.

El obispo hizo mención especial a las manos del p. Aquiles, “manos que alzaron el cáliz, manos que bendijeron niños, jóvenes, matrimonios, enfermos, manos que abrieron puertas” y dijo con convicción que el amor sembrado por el sacerdote no desaparece con la muerte. “En Dios nada verdadero cae en el vacío, la muestra más evidente es la presencia de cada uno de ustedes hoy aquí”. Invitó a continuar lo bueno que el p. Aquiles enseñó. “Muere un pastor, pero lo que el pastor sembró queda vivo”, y agregó que “él nos dice a cada uno, sacerdotes, diáconos, ministros, a cada uno, ‘ahora te toca a ti, te toca a ti consolar, sostener, te toca a ti vivir en el amor’”.Agradeció a quienes cuidaron al querido sacerdote, a los que sufren hoy el dolor de su partida, de forma especial a Cristian Álvarez, amigo y ahijado del P. Aquiles, y que en algún momento también fue parte de los Oblatos Diocesanos y compartían una misma espiritualidad. Cristian vivió con él gran parte de su vida y lo cuidó hasta el final: “no están solos; gracias por acompañarlo, damos gracias por toda esa red de amor que se fue tejiendo en torno al padre Aquiles, especialmente en lo más difícil de su enfermedad”.

En el ofertorio la comunidad llevó alimentos no perecibles, como signo de amor fraterno con las personas más necesitadas.

Al final, se dio la palabra a distintas personas que entregaron su testimonio sobre el p. Aquiles: Claudio Soza, de los amigos de la Beata Crescencia Pérez; la señora Zoila López, de la Legión de María; el sobrino Arturo Altamirano Urrutia a nombre de la familia. También tomó la palabra el Responsable en Chile de los Oblatos Diocesano, Jorge Vega, el p. Franklin González, párroco de Freirina, a nombre del presbiterio, y finalmente Cristian. Él habló de su experiencia con el padre, enmarcándola en la espiritualidad de los Oblatos, y compartiendo anécdotas y aprendizajes, expresados con cariño y gratitud.

Los restos del padre Aquiles fueron acompañados por el obispo los sacerdotes, diáconos y la comunidad, hasta el cementerio, donde reposarán en el mausoleo de la familia.

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