Mientras la autoridad retoma el contacto con “medios habituales”, la región aguarda con incertidumbre el nombramiento de los nuevos seremis y directores de servicio.
El pasado miércoles 11 de marzo, con la asunción del Presidente José Antonio Kast y su gabinete ministerial, se dio inicio a una nueva etapa administrativa en las dieciséis regiones del país con la instalación de los Delegados Presidenciales. Atacama, por supuesto, no fue la excepción: la exparlamentaria Sofía Cid ingresó al edificio Pedro León Gallo, acompañada de su equipo de asesores, para asumir la conducción de la Delegación Regional.
Sin embargo, el aterrizaje no ha estado exento de comentarios. Durante las semanas previas, el debate en Copiapó se centró en las aparentes divisiones internas del Partido Republicano a nivel local. Según el vox populi recogido en los pasillos y antesalas de la política regional, existirían dos facciones claramente marcadas: una liderada por el diputado Ignacio Urcullú —único parlamentario oficialista en la zona— junto al presidente regional de la colectividad, José Andrés Hueche; y otra encabezada precisamente por la delegada Sofía Cid.
A pesar de estos rumores de fragmentación, la presente semana estuvo marcada por gestos de cortesía institucional. La delegada Cid recibió la visita protocolar del diputado Urcullú y de José Andrés Hueche, hombre de estrecha confianza del legislador. Asimismo, acudieron a presentar sus saludos la concejala Patricia Hurtado y la consejera nacional del partido, Dalva Cepeda, quienes conforman un equipo de trabajo conjunto en el municipio copiapino.
Incertidumbre y selectividad comunicacional
No obstante, al cierre de esta edición, el panorama regional sigue marcado por la inacción en nombramientos clave. A una semana del cambio de mando, Atacama aún desconoce quiénes liderarán las distintas Seremis y Direcciones Regionales, cargos críticos para la ejecución de políticas públicas que hoy se encuentran en la nebulosa. Esta falta de definiciones comienza a generar ruido en los sectores productivos y sociales que dependen directamente de la gestión gubernamental.
A esta lentitud administrativa se suma una particular política comunicacional. Hasta la fecha, este medio no ha recibido comunicados ni información oficial respecto a la agenda de la Delegada. El conocimiento de sus actividades ha sido posible únicamente a través de redes sociales institucionales, donde se han reportado reuniones protocolares y entrevistas en medios con los que la autoridad ya mantenía vínculos habituales durante su etapa como diputada, previa al 10 de marzo.
Esta tendencia hacia espacios de comunicación ya conocidos, sumada a la falta de vinculación con la prensa regional en su conjunto, plantea una interrogante necesaria: ¿Se gobernará para todos los sectores o se mantendrá un círculo cerrado de gestión? El éxito de este nuevo ciclo en Atacama dependerá de la rapidez para conformar equipo y de la apertura real hacia una comunidad que exige transparencia y presencia en todos los espacios, no solo en los habituales.







