Por Fernando Arancibia, gerente general de Tecnoback – www.tecnoback.com
La informalidad económica es uno de esos problemas que vemos a diario, aunque no siempre reparemos en sus consecuencias. Está en el pequeño negocio que vende sin entregar una boleta, en el emprendimiento que no logra dar el salto a la formalidad o en las actividades que funcionan al margen de las reglas. Detrás de estas situaciones hay distintas realidades, pero también un desafío común como es construir una economía donde cumplir sea más fácil y las oportunidades sean para todos.
En ese camino, la factura electrónica puede ser una gran aliada. Aunque a primera vista parezca solo un trámite digital, su aporte va mucho más allá, pues ayuda a ordenar las operaciones comerciales, facilita el cumplimiento tributario y permite construir relaciones de confianza entre empresas, proveedores y clientes.
En el fondo cada operación que se registra deja una huella. Cuando una empresa emite una factura electrónica, queda constancia de una venta y existe información que permite contrastar sus operaciones con sus obligaciones tributarias. Esto ayuda al Servicio de Impuestos Internos a detectar inconsistencias y dificulta que ciertas actividades permanezcan ocultas. En otras palabras, hace más transparente la actividad económica.
No obstante, sería un error pensar que la factura electrónica sirve únicamente para fiscalizar. También puede abrir puertas. Para una pequeña empresa, contar con ventas documentadas y registros ordenados puede facilitar el acceso a nuevos clientes, especialmente a compañías que necesitan respaldar sus compras. Además, disponer de antecedentes claros sobre sus ingresos puede ayudar a demostrar su actividad ante instituciones financieras y proveedores.
La formalización, entonces, deja de ser solo una obligación y puede convertirse en una oportunidad para crecer. Por supuesto, no basta con incorporar tecnología. Muchos emprendedores enfrentan dificultades para cumplir con sus obligaciones, debido a que tienen poco tiempo, escasos recursos o no cuentan con conocimientos contables. Si la digitalización se transforma en una carga difícil de manejar, corremos el riesgo de alejarlos, precisamente cuando necesitamos integrarlos.
Por eso, el desafío de Chile es acompañar la factura electrónica con herramientas sencillas, capacitación y orientación, especialmente para las micro y pequeñas empresas. También es importante que los procedimientos sean claros y que los emprendedores comprendan los beneficios concretos de operar formalmente.
Hay, además, una distinción fundamental ya que la informalidad no se limita a las ventas sin documentos tributarios. También incluye problemas relacionados con el empleo sin contrato o sin cotizaciones previsionales. La factura electrónica no resolverá por sí sola todas estas situaciones, pero puede ser parte de una estrategia más amplia para mejorar el cumplimiento y fortalecer la confianza en la economía.
Al final, una economía más formal no se construye solamente con controles y sanciones. Se construye cuando las personas entienden las reglas, pueden cumplirlas y encuentran ventajas reales en hacerlo. Y es en este contexto donde la factura electrónica contribuye a ese propósito porque permite registrar mejor las transacciones, simplificar procesos y generar condiciones más transparentes para competir.
Chile necesita que sus emprendedores crezcan, que las empresas compitan en condiciones justas y que el desarrollo se traduzca en mejores oportunidades. La tecnología ya está disponible y el reto es ponerla al servicio de ese objetivo.







