Dr. Nassib Segovia
Director de la Escuela de Negocios Universidad UNIACC
Chile lleva años exhibiendo sus cifras de emprendimiento como credencial de modernidad, pero la naturaleza de ese emprendimiento ha cambiado. El GEM Chile 2024, publicado en julio de 2025, revela que la intención de iniciar un negocio cayó del 53% al 39% entre 2023 y 2024, el nivel más bajo en una década y que cada vez más personas emprenden no porque identificaron una oportunidad, sino porque no encontraron otra alternativa.
Las cifras del INE ayudan a leer ese fenómeno en su verdadera dimensión. En el trimestre móvil febrero-abril de 2026, la tasa de desocupación alcanzó el 9,1%, mientras la ocupación informal llegó al 26,5%, afectando a más de una cuarta parte de las personas ocupadas. En ese escenario, para muchas personas emprender deja de ser una decisión de crecimiento y pasa a convertirse en una estrategia de subsistencia. La evidencia internacional muestra que los negocios nacidos de la urgencia tienen menos capacidad de innovar, contratar y sostenerse que aquellos surgidos de una necesidad real del mercado y ese es precisamente el problema.
A ello se suma que la inteligencia artificial y las herramientas digitales han reducido significativamente las barreras de entrada, haciendo posible diseñar una marca, crear una tienda virtual o desarrollar campañas de marketing con una inversión mínima. Sin embargo, la tecnología, por sí sola, no sustituye una propuesta de valor sólida, una gestión eficaz, un liderazgo consistente ni un conocimiento profundo del cliente.
El éxito del ecosistema emprendedor no debería medirse por la cantidad de empresas que nacen, sino por la calidad de las que sobreviven, innovan, generan empleo y crean valor de manera sostenible. Mientras eso no ocurra, las cifras de emprendimiento seguirán siendo más un termómetro de la precariedad que un verdadero indicador del dinamismo económico.








